Llega el calor y con él las ganas de comer cosas fresquitas. Yo he inaugurado en casa la temporada con este helado de chuches al que no se resisten grandes ni pequeños. He elegido nubes (espumas, esponjas, marshmallows, malvaviscos...) y regaliz rojo porque vi la combinación en varios blogs y me pareció perfecta. Una vez disfrutada no es que me lo parezca, ¡es que lo es!
Lo bueno de los helados caseros es que sabes lo que estás comiendo y, en este caso, aunque lleva chuches, es básicamente leche, yogur y nata, así que es ideal para niños que no tomen muchos lácteos. Si quieres, puedes ver otras recetas de helados que he publicado: helado de turrón de Jijona, polos de fresas naturales y polos de gominolas, helado de chocolate blanco y dulce de leche o mi perdición, helado de galletas Oreo. Ah, si no tienes heladera no pasa nada, te explico cómo preparar helado sin heladera. Y si estás pensando en comprar una, la mía costó unos 20€ en Lidl y, de momento, cumple su función.
Con esta propuesta me estreno en el reto ¡Qué rico mami!, una iniciativa en la que varias blogueras compartimos recetas para niños con un determinado tema cada mes. En esta ocasión ha sido postres fresquitos y bonitos, y creo que este helado de nubes y regaliz rojo cumple los requisitos, ¿no?
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Sabor, olor, color... esta mermelada lo tiene todo. Estamos en temporada de fresas (o, mejor dicho, fresones) y no podemos desaprovechar su buen precio y su punto óptimo de maduración, perfecto para prepararlas en confitura o conserva.
Al echar un vistazo al blog, comprobaréis que hay bastantes recetas con fresas, pero son mi fruta favorita. Lo más importante en cualquier receta con fruta es que esté enstrongsu punto y siempre recomiendostrongelegir fruta de temporada.
¿Te animas a preparar esta receta de mermelada de fresas, hierbabuena y pimienta rosa?
¿Eres más de espaguetis o de tallarines? En mi casa eso ya no importa, porque desde hace unos días sólo somos de pasta fresca casera. ¡Menuda diferencia! En el post anterior te enseñaba cómo prepararla y ahora te traigo la primera receta: unos tallarines al pomodoro, una de tantas versiones de esta salsa de tomate a la italiana, que también te he explicaba hace poco cómo hacer. Un plato de pasta tan sencillo como delicioso.
Si te animas a preparar cintas de pasta, tienes que saber que su nombre depende de su anchura: los capellini o capelli d’angelo (cabellos de ángel) miden menos de 2 mm de ancho; los tagliolini, de 2 a 3 mm; los linguine, de 3 a 4 mm; los tallarines, de 4 a 5 mm; los tagliatelle, de 5 a 7 mm; los fettuccini, de 6 a 8 mm; los fettucce, de 8 a 15 mm; los pappardelle, de 15 a 25 mm.
En España nos da un poco igual la variedad de pasta elegida y la salsa que vamos a usar como acompañamiento. Pero en Italia, donde son verdaderos maestros, recomiendan combinar la pasta larga y plana (linguine, tallarines, tagliatelle...) con salsas espesas que se adhieran bien y, si llevan trocitos, mejor que sean pequeños, para atraparlos al enrollar la pasta. Las cintas estrechas combinan muy bien con salsas de verduras y aceite de oliva, más ligeras; para las cintas anchas conviene usar salsas con nata, mantequilla o queso suave, más contundentes.
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Siempre había tenido ganas de preparar pasta fresca en casa, pero no me atrevería porque pensaba que sería muy complicado. Después de intentarlo solo puedo animaros, porque no tiene ninguna dificultad. Eso sí, el proceso de estirado es algo laborioso, así que lo ideal es hacerlo cuando tengamos algo de tiempo. El resultado es genial, eso sí, te advierto que quienes la prueben, luego no querrán otra.
Para hacer la masa solo tenemos que mezclar 100 gramos de harina por cada huevo, calculando uno por comensal. Después de dejarla reposar un rato, la estiraremos muy, muy bien hasta conseguir una lámina fina. Y a cortar. Elige qué plato de pasta vas a hacer y corta la masa en función de tus necesidades.
También es importante pensar en la salsa con que queremos acompañar nuestra receta. No todas las salsas sirven para todos los tipos de pasta. Pero si estás empezando, lo mejor es que no te compliques y prepares unas cintas (reciben distintos nombres en función de su anchura, como puedes ver en esta receta de tallarines) acompañadas de salsa de tomate y orégano (salsa pomodoro, la llaman los italianos). Son una apuesta segura y notarás la diferencia.
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