Una de las recetas del verano en cualquier cocina es el gazpacho, una sopa fría donde el ingrediente principal es el tomate. Hay otras elaboraciones similares, con el tomate como protagonista, como el salmorejo o la porra, y no tiene nada que ver con los gazpachos manchegos (así, en plural), que es un plato caliente, con base de pan y carne de caza.
Hay tantas formas de hacer gazpacho como personas que lo cocinan: yo os voy a enseñar cómo lo preparamos en casa, con todos los ingredientes triturados y acompañado de trocitos de pan y hortalizas. En muchos sitios (por ejemplo, en casa de mis abuelos), se sirve una sopa fría de agua, aceite, vinagre, sal, ajo y comino y sobre ella, cada uno en su cuenco se echa trozos de pan de víspera (del día antes) y las hortalizas cortadas en dados.
El gazpacho es un plato facilísimo de hacer, cuya única complicación es dar con el punto del aderezo, algo muy subjetivo y que depende de cada paladar: hay quien no pone cominos, quien echa distintas variedades de vinagre, quien añade un toque de pimienta... Lo importante es que las hortalizas, sobre todo los tomates, sean de buena calidad y que esté bien fresquito al servir. De hecho, en muchas casas se sigue tomando en las clásicas cazuelas de barro, que mantienen la temperatura.
Aunque seguro que este gazpacho no sabrá como el de tu madre, te animo a que lo prepares. Haz una buena cantidad, guárdalo en una botella en el frigorífico y toma una buena dosis de vitaminas en cada comida. Como dice mi marido: "el gazpacho levanta a un muerto" (fin de la cita), que está tan de moda ;).




















