sopas y cremas

Sopa de cebolla gratinada

17.1.12

Sopa de cebolla gratinada

En días desapacibles lo que más apetece es tomar un plato caliente al llegar a casa. Por eso os propongo otra receta de sopa, en este caso, una sopa de cebolla gratinada, con el toque especial que da el queso que la acompaña.

Sopa de cebolla gratinada

No tiene gran dificultad de preparación, así que animaros, porque no os defraudará. El único consejillo: que compréis cebollas dulces. Nooo, no son de gominola ni nada parecido, en la frutería seguro que os las dan sin problemas. Simplemente, su sabor es más suave, y no lloras al partirla, así que, doble ventaja.

Sopa de cebolla gratinada

Eso sí, no pienses en hacer segundo porque detrás de esta sopa, de textura espesa, no podrás con nada... Es un plato único por su contundencia. Pruébala y ya me cuentas. Si quieres puedes compartir tus fotos por email (arriba a la derecha) o publicarlas en mi página de Facebook.

Ingredientes (para 4 personas):
1 cucharada sopera de aceite de oliva
30 gramos de mantequilla
3 cebollas grandes y dulces
Sal
Una pizca de pimienta negra
2 cucharadas soperas de harina de repostería
2 cucharadas de brandy o coñac
1 litro de caldo de carne, pollo o verdura
12 rebanadas de pan del día antes
2 dientes de ajo
4 lonchas de queso suave (tipo Gruyère o Emmental)

Elaboración:
Pela y corta las cebollas dulces en juliana haciendo las rodajas lo más finas que puedas. Reserva.


En una cazuela, pon el aceite de oliva a fuego medio y, cuando esté caliente, añade la mantequilla. Espera a que se derrita y moviendo la cazuela, mezcla el aceite y la mantequilla.


Incorpora las cebollas, un poco de sal y un poquito de pimienta negra. Dale unas vueltas con una cuchara de madera y rehoga a fuego bajo (yo lo puse al 4 de 10). Tapa la cazuela para que el agua que suelte la cebolla no se evapore. Así evitarás que coja color. Se trata de que la cebolla quede muy blandita pero transparente. Tardará unos 25 minutos en estar lista.


Echa las dos cucharadas de harina en la cazuela. Deben ser cucharadas soperas llenas, un poquito colmadas. Mueve con la cuchara para que la harina se integre bien. Añade el licor (yo utilicé Jerez, porque no tenía ni coñac ni brandy) y espera a que se evapore (lo hará en unos segundos). De este paso no hay foto porque la harina se quema o hace grumos enseguida, así que estad muy pendientes cuando lo preparéis.

Puedes utilizar el caldo del sabor que prefieras: carne, pollo o verdura. La elección es importante, porque su sabor marcará el del plato. Si no tienes caldo hecho en casa, puedes comprar una caja en cualquier supermercado. Cada vez están más conseguidos en cuanto a su sabor. Echa el caldo, rectifica de sal si fuera necesario y lleva a ebullición. Deja que cueza apenas unos segundos y baja el fuego, poniéndolo bajito (yo lo puse al 3 de 10). Es fundamental que se cocine muy lentamente durante unos 20 minutos, para que la harina vaya ligando el caldo despacio y sin agarrarse.


Precalienta el horno a 200º con calor arriba y abajo. Parte unas rebanadas de menos de un dedo de grosor de pan del día antes (si la barra es fina, calcula tres por cabeza de algo menos de un dedo) y úntalas con ajo (lo partes por la mitad y frotas). Pon el pan en el recipiente en que vayas a servir la sopa. Yo utilicé cazuelas de barro, que me encantan para las sopas. Echa dos o tres cazos de sopa y pon una loncha de queso suave por encima.


Mete las cazuelas en el horno, cambiando a posición de gratinado durante unos minutos, hasta que el queso se dore.


Este plato hay que servirlo en el momento para que esté bien caliente y con el pan y el queso en su punto. Espero que lo probéis porque merece la pena.

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