Cada 31 de mayo se celebra el Día de Castilla-La Mancha y me gusta conmemorarlo con alguna receta tradicional manchega. En este caso he elegido los duelos y quebrantos, un plato muy popular porque aparece mencionado en el libro Don Quijote de La Mancha. En él, Miguel de Cervantes no da pistas sobre qué ingredientes lleva, sólo dice que su protagonista lo comía los sábados, aunque parece que podría ser un revuelto de huevos con torreznos.
Algunos cervantistas se apoyan en textos como 'El pésame de la viuda', una mojiganga atribuida a Calderón de la Barca, que dice: "¡ay!, que para una cuitada / triste, mísera viuda, / hueuos y torreznos bastan, / que son duelos y quebrantos". Precisamente, estudiosos como Américo Castro apuntan a que el nombre hace alusión al 'quebranto' del ayuno impuesto sobre la carne de cerdo en las religiones judía e islámica, por lo que los cristianos nuevos sentían el 'duelo' tras haber violado esos preceptos de sus verdaderas creencias.
Esta receta de huevos con torreznos, recibe otro curioso nombre: en el siglo XVII, los cristianos viejos solían tenían algún resto de tocino seco en casa y una gallina que ponía huevos, por lo que nunca faltaba la 'merced de Dios', tal como explica Sebastián de Covarrubias en Tesoro de la lengua castellana o española. En lo que no hay acuerdo es en qué partes del cerdo debe incluir, tal como cuenta Nieves Concostrina en uno de los episodios de Acércate al Quijote.
Independientemente de su verdadero origen o de sus ingredientes iniciales, la versión de este plato que ha llegado a nuestros días está riquísima. ¿Te animas a probar esta receta de duelos y quebrantos?
























